domingo, 23 de septiembre de 2012

Son culpables de las ‘monstruoplastías’. El Colegio Médico tiene registrados a 119 cirujanos plásticos



Adelgace ¡ya!... Dígale adiós a la calvicie... Tenga la nariz que siempre soñó... Cirujanos plásticos le ayudarán a aminorar el paso del tiempo... Son algunas de las frases tentadoras que acompañan anuncios de periódicos nacionales y que ofrecen servicios de operaciones estéticas.

Los que llevan el nombre y apellido de un especialista certificado por el Colegio Médico de Bolivia o la Sociedad Boliviana de Cirugía Plástica Estética y Reconstructiva son sinónimo de confianza, pero hay otros que son ofertados por los “intrusos” y pueden derivar en “monstruoplastías”.

En el argot del rubro, estos personajes son “pseudocirujanos” que realizan tratamientos quirúrgicos sin la debida preparación, por lo que ponen en riesgo la salud y la vida de sus clientes. Es un problema que incumbe, sobre todo, a las ciudades de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, denuncia el presidente de la Sociedad Boliviana de Cirugía Plástica, Humberto García.

Ilegalidad. El secretario de la filial paceña de esta entidad, Carlos Elías, explica que los “intrusos” son médicos generales, enfermeras, esteticistas o cualquier otra persona que realiza cirugías plásticas sin la debida experiencia ni autorización; por ello, utilizan gel de silicona u otras sustancias prohibidas para aumentar glúteos o senos y para corregir arrugas faciales.

En el plano legal, 119 expertos del rubro cuentan con un kárdex en el Colegio Médico de Bolivia: 41 cruceños, 39 paceños, 20 cochabambinos, 14 tarijeños, tres orureños y dos potosinos; mientras la Sociedad Boliviana de Cirugía Plástica Estética y Reconstructiva tiene 98 registrados: 35 cruceños, 28 paceños, 16 cochabambinos, nueve chuquisaqueños, seis tarijeños, dos orureños, un potosino y otro beniano.

Las víctimas de los “intrusos” asisten a clínicas o consultorios clandestinos para corregir un defecto y mejorar su apariencia física. Se exponen, por ejemplo, a que un otorrinolaringólogo les practique una intervención estética en la nariz, a que un dermatólogo o médico general les borre las “patas de gallo” del rostro o les quite los kilos de más de su abdomen.

Todo por un precio módico. O sea, aquí se cumple el adagio: lo barato cuesta caro. Y esta práctica irregular no es nueva, ya que la dependencia paceña de la Sociedad Boliviana de Cirugía Plástica presentó anteriormente denuncias al Servicio Departamental de Salud de La Paz, cuando los “intrusos” publicitaban sus servicios mediante la entrega de volantes en las calles.

El doctor Elías afirma que estas personas laboran y se propagan sin control, amparados, generalmente, en el anonimato y las mentiras. “No es que ya no estén por ahí, lo que pasa es que ahora se camuflan y trabajan incluso en ambientes instalados en edificios del centro de la urbe paceña”.Un termómetro para la medición de que todavía existen damnificados por los “intrusos”, son las “monstruoplastías” u operaciones mal realizadas que tienen que ser remediadas por los galenos certificados. “Hace tres años yo atendía entre uno o dos casos por mes. Actualmente son uno o dos a la semana”, revela Elías.

El cirujano plástico cruceño Tito Barzola afirma que la situación es peor en Santa Cruz. “No hay ningún especialista reconocido en los centros de estética o spas, son ‘pseudocirujanos’ los que se animan a colocar líquidos extraños y dañinos para el cuerpo de los clientes”. Añade que éstos colocan soluciones prohibidas por ministerios de Salud de muchos países.

Un ejemplo es el aceite de silicona líquida, que puede ser más barato pero a la larga genera problemas; otros son el colágeno, que produce granulomas (endurecimientos crónicos de la piel y los tejidos profundos), y los biopolímeros, que pueden derivar del petróleo o ser de origen vegetal o sintético. “A veces, se infiltra aceites de cocina, industrial o para niños”, agrega el médico cochabambino Humberto García.

PREVENCIÓN. Las más vulnerables para caer en las redes de los “intrusos”, según este especialista, son las jovencitas que sueñan con dedicarse al modelaje o participar en certámenes de belleza, y que por falta de recursos económicos o de información optan por estas operaciones que no tienen ninguna garantía de por medio.

La pandina Stephanie Núñez, que en junio representó a Bolivia en el Miss Internacional celebrado en la ciudad japonesa de Okinawa, comenta que la mayoría de las muchachas que toma su profesión termina cediendo ante una intervención estética para mejorar su aspecto, y conoce de historias de víctimas de mala praxis.

“Nunca he tenido malas experiencias en cuanto a cirugías, pero he sabido de chicas a las que no les fue tan bien. Sé que después optaron por un médico mejor calificado para que les arregle lo que otros hicieron mal”, relata Núñez, mientras sale de la clínica de Tito Barzola, tras asistir a la revisión de su nariz recién operada.

Las perjudicadas por la labor de los “intrusos”, ante el vacío jurídico en las leyes penales para sancionar la mala praxis o negligencia médica, pueden exigir la aplicación de los artículos 164 (ejercicio indebido de profesión), 270 (lesiones gravísimas) y 271 (lesiones graves y leves) del Código Penal, que dictan entre uno y ocho años de cárcel para los responsables.

Paralelamente, el Colegio Médico de Bolivia, a través de su página electrónica www.colegiomedicodebolivia.org.bo, y la Sociedad Boliviana de Cirugía Plástica Estética y Reconstructiva, en su portal www.cirplasticabolivia.com, brindan la nómina de sus especialistas registrados y consejos para aquellas personas que desean someterse a una cirugía plástica .

Lo primero es investigar sobre el tratamiento al que uno planea someterse y determinar si es una operación menor o ambulatoria (que no necesita de internación) u otra que requiere de días o semanas de reposo. Luego, se debe planificar consultas en las que aparte de aclarar dudas, se verifique que el galeno tenga título de médico cirujano plástico, esté registrado en el Ministerio de Salud y el Colegio Médico, que porte su tarjeta profesional y sea parte de la Sociedad Boliviana de Cirugía Plástica.

Así, uno puede tomar al profesional que le inspire confianza y que le explique la técnica quirúrgica y detalles de la prótesis que se le va a implantar, como la marca, tamaño, ubicación de cicatrices, aparición de moretones, riesgos, cuidados y duración; además de los costos, el manejo postoperatorio, el uso de antibióticos y las medidas que garantizarán una buena recuperación.

Una profesión de diez años de estudio

La cirugía plástica requiere al menos diez años de estudios universitarios. En el camino, el primer título al que accede un profesional es de médico general, para luego aspirar al de cirugía general. Tras siete años, deben pasar otros tres para obtener la especialización en el ramo; los médicos consultados por Informe La Razón señalaron que Brasil, Argentina, Chile y Estados Unidos son países en los que se logra una buena capacitación en los secretos para realizar intervenciones estéticas exitosas.

Concluido este periodo de formación, el doctor debe acceder a una tarjeta emitida por el Colegio Médico de Bolivia para el ejercicio de su profesión.

Paralelamente, para contar con una mejor acreditación, puede inscribirse en la Sociedad Boliviana de Cirugía Estética y Reconstructiva. Pero hay más, el vicepresidente del Colegio Médico, Bernardino Fuertes, informa que todo médico tiene la obligación de “recertificarse” cada cinco años, mediante actualizaciones brindadas dentro y fuera del país.

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